miércoles, 13 de noviembre de 2013

Alumno: Miguel Ángel Ortega Tovar.

Transición Ilusoria
Miguel Ángel Ortega Tovar

Las esperanzas de la transición política sólo ilusiones fueron. El entusiasmo y el optimismo comenzaron poco a poco a consumirse mientras aparecían los resultados de la nueva administración a cargo del PAN. Normalmente las transiciones son un síntoma de democracias saludables, pero la del 2000 en México no fue el caso, puesto que agravó la salud de un país ya enfermo de violencia, corrupción desequilibrio y fragilidad. Las problemáticas heredadas de los gobiernos del partido hegemónico se reforzaron con los gobierno del PAN, según muestran los indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial. La transición de la “dictadura perfecta” al “gobierno del cambio” ha dejado a  México más debilitado y al borde del colapso. Sin embargo, nuestro país se sostuvo y aun se sostiene, a pesar de continuar en esta “ruta del colapso”[1].
El narcotráfico ha sido unos de los principales autores de la crisis actual del país cuyas repercusiones se vieron plasmadas en los estudios de gobernabilidad del Banco Mundial. México empeoró en todos sus aspectos que, además, ya se consideraban anteriormente alarmantes. La falta de experiencia del gobierno “del cambio”, a cargo de Vicente Fox, se reflejó en esta evaluación. Esta situación de debilidad gubernamental e institucional en nuestro país alarmó fuertemente al gobierno de Estados Unidos cuyas políticas antidrogas se consideraban afectadas por las deficiencias en las instituciones mexicanas. A lo largo de nuestra historia, el gobierno de Estados Unidos jamás ha dejado de interesarse en las crisis que hemos afrontado como país, tal vez debido a motivos internos de seguridad o a posibles intereses económicos en nuestro territorio. Lo cierto es que, como en varias partes del mundo, siempre ha existido y sigue existiendo la amenaza de una posible intervención norteamericana siempre disponible a brindar una supuesta solución a los colapsos o problemáticas extranjeras.
Por otra parte, el régimen del gobierno mexicano se ve apoyado por varios bloques de grandes influencias políticas donde, por su puesto, figuran Estado Unidos, la Iglesia y los partidos políticos. El acuerdo entre elites ha sido siempre el pilar más fuerte con el que se sostiene la nación que, además, marca un rumbo y distingue prioridades. Sin embargo, como bien lo comenta Gerardo Nieto, esto provoca que la “estabilidad esté sujeta a la creatividad de actores políticos y económicos”[2] que restringen la autonomía del Estado. Es por esto que el país no está sujeto a la voluntad general del pueblo, sino a la voluntad y capricho de las elites quienes dirigen y sostiene al régimen.
El primer sexenio panista fue un sexenio decadente, decepcionante que propició las políticas brutales de reordenamiento del siguiente sexenio del supuesto “presidente del trabajo”. Felipe Calderón, proveniente de una elección deficiente, buscó una forma rápida y efectiva de legitimar su gobierno ya dañado por las características de las elecciones, arriesgándose inmediatamente por una política antidrogas denominada comúnmente como” la guerra contra el Narco”. El presidente del trabajo trató y logró legitimarse mandando a trabajar al ejército directamente en las labores correspondientes a la confrontación del narcotráfico. Esta decisión, poco reflexionada, introdujo al gobierno Calderonista en una guerra descontrolada cuyos  resultados nunca fueron positivos y donde cualquiera de las opciones empeoraría las problemáticas del país, tal y como lo explica Gerardo Nieto: “Si el ejército se retira, el gobierno colapsa; si se mantiene crece el conflicto”[3].
Lo cierto es que la lucha contra el narcotráfico no fue una política inspirada en el bienestar de los mexicanos, sino una herramienta de legitimación inmediata para un presidente electo con un triunfo dudoso. El ejército, actualmente una de las instituciones más respetadas y confiables según la opinión de los mexicanos, y que además representa un parte verdaderamente fundamental del equilibrio del país, fue utilizado en una plan de acción desmesurado contra uno de los problemas que se presentó y empeoro durante las presidencias débiles; frutos de una añorada transición y causantes del  regreso a la dictadura perfecta.



[1] Nieto, Gerardo, La presidencia débil: 2006-2012. Ensayo sobre la dialéctica del caos, Mexico, Siembra, 2013
[2] Ibid., p.49
[3] Ibid., p.64

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada